Feliciano Centurión

 

Nació en San Ignacio (1962), Paraguay. Radicado en Argentina desde 1974.

Profesor Nacional de Pintura - Escuela de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredon”, Buenos Aires.

Profesor Superior de Pintura - Escuela de Bellas Artes “Ernesto de la Corcova”, Buenos Aires.

Falleció el 7 de Noviembre de 1996.

 

Retrato para catálogo. 1994 / 1995

Feliciano Centurión

por Fabián Lebenglik

Las búsquedas de Centurión, desde que abandonó la tela, se dirigieron hacia nuevas superficies para la pintura, en relación directa con la intimidad. sábnas, gobelinos, lonetas, cortinas. Hasta que, en 1990 -cuando consolida su imagen- encuentra las frazadas: el material perfecto para pintar sus soñados paisajes y geografías.

Comenzó con las frazadas lisas, fue pro bando texturas y luego pasó a las estampadas, aprovechando el diseño que venía de fábrica.

Las que utiliza, en su mayoría, son de “baja calidad”. A partir de esta estética también “baja “, que los diseñadores hacen pensando en el gusto de la gente y en el propio, el artista invirtió el sentido de los estampados y convirtió el gusto masivo de esas frazadas de “medio pelo “, en obras únicas.

Por el tipo de operación plástica que practica Feliciano Centurión, pintando su obra sobre un material en relación tan intima con el cuerpo, podría decirse que él exhibe y se exhibe al mismo tiempo. Se trata de una doble transformación de las frazadas.

Para conseguirlas recorre el Once, un barrio de comerciantes judíos y coreanos donde sacían sus apetitos de consumo las clases medias y populares de Buenos Aires y sus alrededores. En esa zona de la ciudad, las modas “altas” son copiadas y adaptadas al supuesto mal gusto del consumo masivo, para aquellos que no pueden acceder a la llama da “alta costura” y a las marcas internacionales. En este sentido, con el aprovechamiento de los estampados -según Feliciano, ahora los fabricantes hacen frazadas para él- el artista pasa con facilidad de la vigilia al otro mundo, al de la pintura, al tiempo que responde con lucidez a los tiempos duros que corren.

 

LAS PINTURAS

por Ticio Escobar

Asunción, Enero de 1997.

Las pinturas de Feliciano Centurión irrumpieron de golpe en nuestro país durante los años ‘80. Había decidido retomar su historia personal con el Paraguay. Regresaba entonces, con una pintura vehemente y decidida; una imagen cargada de expresión y animada ya por un sentido del humor y una preocupación por el conflicto de la condición humana, aspectos que impregnarían posteriormente su obra entera. Este conflicto estaba planteado básicamente en los términos de una tensión entre el sujeto y el tiempo adverso o cómplice que lo condiciona: que lo limita y que lo redime.

Posteriormente, abandona las telas para trabajar soportes que, simultáneamente conectados con la idea de domesticidad y las pautas de la estética industrial, remiten a los múltiples conflictos que abruman el panorama de la estética contemporánea. Fiel a su momento, Feliciano sabe detectar en el aire la presencia de cuestiones complejas y cruzadas, de oposiciones ramificadas que plantean problemas quizá irresolubles y se conectan confusamente con puros interrogantes, con metáforas errantes que no buscan más que una es cena en donde presentarse sin intentar revelar cifras ni delatar el lugar del secreto.

Los soportes nombran la cuestión que enfrenta lo artesanal y lo seriado, El problema del aura, el tema de lo reproducible y de lo único, de lo creativo y lo técnico, asuntos que obsesionan a una cultura asediada por el desborde de estereotipos y de moldes. El artista promueve un debate entre los diseños de fábricas de frazadas, las carpetas, los gobelinos y las intervenciones que él mismo genera a través de pinturas acrílicas, aplicaciones y bordados. Al enfrentarse una y otra, la manualidad más directa y la factura industrial liberan una constelación del material y del valor de lo mera mente ornamental...

Una de las últimas obras de Feliciano trabaja lo cursi y lo trivial hasta un extremo tal que recala en una posición, casi diría, radical. Los pequeños trozos de encaje y gobelino son bordados manualmente con le yendas breves que hablan de amores ideales, de miedo a la soledad, de despedida y esperanza.

Feliciano no pierde el filo del humor ni abandona el juego paródico con el lenguaje, pero su búsqueda del revés de un aforismo gastado le lleva a entrever el de trás de los clisés y a sugerir la vena dramática que anima el signo más pequeño cuando este es gritado con fuerza genuina.

El artista se ha callado ahora, Nos quedan las cla ves inquietantes de su mundo de imágenes cotidianas que desde el signo menudo y el ornamento conjuran, vigilantes, la muerte. 

 


1

obras

 

 

 


 

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Muestra en el Centro Cultural Rojas. 1995.

 

 

Agradecemos la colaboración de Claudio Enrique Gómez por brindarnos el material aquí publicado.

 

 


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